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15 noviembre 2007

LA FORMA DE DECIR LAS COSAS

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó a llamar a un Adivino para que interpretase su sueño.

- ¡Qué desgracia, Mi Señor! - exclamó el Adivino - Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

- ¡Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido - ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡¡¡Fuera de aquí!!!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado.

Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

-¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada... ¡El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes!

Iluminóse el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

-No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Adivino. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro...

-Recuerda bien, amigo mío- respondió el segundo Adivino -que todo depende de la forma en el decir... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse.

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.

Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, más la forma conque debe ser comunicada es lo que provoca, en algunos casos, grandes problemas.

La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.

EL SABIO

Se cuenta que en el siglo pasado, un turista norteamericano fue a la ciudad de El Cairo-Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio.

El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

¿Dónde están sus muebles?- preguntó el turista.

Y el sabio, rápidamente, también preguntó:

¿Y dónde están los suyos....?

¿Los míos?- se sorprendió el turista. ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!

Yo también... - concluyó el sabio.

La vida en la tierra es solamente temporal... Sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices.

"El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables."

¿PEDIMOS UN POSTRECITO?


Un restaurante de Nueva York presentó un sundae de chocolate de 25 mil dólares, estableciendo un nuevo Récord Guinness como el "postre más caro".

La creación estuvo a manos de Stephen Bruce, el propietario de Serendipity 3, quien se asoció con la joyería Euphoria New York para darle forma al "Frozen Haute Chocolate", compuesto por 28 tipos diferentes de cacao, incluyendo 14 de las más caras y exóticas del mundo.

Entre los distintos ingredientes, el postre posee oro comestible, y es presentado en una copa de oro (también comestible) que está decorada con un brazalete de oro de 18 quilates cubierto por diamantes blancos.

El sundae está decorado con crema batida (mezclada con más oro) y viene acompañado por una exclusiva Trufa "La Madelaine" de la chocolatería Knipschildt, con un precio de 2.600 dólares por libra.

Desde ya, el postre se come con una cuchara de oro que posee diamantes blancos y marrones incrustados, que uno luego puede llevarse a su casa.

RESURRECCIÓN ANIMAL


El loro de la vecina
DIVERTIDA HISTORIA DE VECINOS EN TORNO A LA MUERTE DE UNA MASCOTA
Esta historia ocurrió en una urbanización de un barrio residencial en las afueras de Pittsburg (Pennsylvania).

La protagonista de nuestro relato vive en un chalé, cuya vecina de al lado poseía un loro que estaba todo el día molestando con sus gritos y silbidos, y encima la familia propietaria le reía las gracias porque era muy divertido y curioso que el puñetero lorito hablara.

El caso es que un buen día, la protagonista de la historia se encontró con que su perro traía en la boca el dichoso loro. Muerto, claro, que es cuando se dio realmente cuenta de que era un buen día. Recriminó al perro su fea acción, pero tras darle unas galletitas de premio, pensó que a la vecina no iba a hacerle mucha gracia la noticia.

No sabiendo como explicárselo, no se le ocurrió otra cosa que saltar la tapia que separaba ambos chalés y volver a meter al fiambre de loro dentro de su jaula, que colgaba vacía de la pared de su amiga.

Al llegar su vecina a casa después de unos días se dirigió a ella con aire apesadumbrado. -Vecina, estoy asustadísima. -¿Y eso?, inquirió la protagonista... -Es que, fíjate, la semana pasada se me murió mi pobre lorito, y lo enterramos al lado de aquel árbol... Y hoy llego y ...¡Ahí está otra vez, tieso en su jaula!.

SAN LUIS, MERLO ARGENTINA